San Ignacio y los Ejercicios Espirituales en tiempos de pandemia

Por : Yamid Castiblanco SJ

Pocos son los montañistas que logran llegar a la cima del Everest y aún menos son los que, después de haber subido hasta allí, se vuelven entrenadores experimentados que ejercitan a otros para que muchos más alcancen el “techo del mundo”. Algo así ocurre con los santos canonizados por la Iglesia católica. Por supuesto que ninguno de ellos y ellas quiso de manera egoísta relacionarse con Dios despreocupándose de las necesidades y la vida espiritual de los demás. Sin embargo, San Ignacio de Loyola es uno de esos santos cuyo mayor esfuerzo y aporte a la Iglesia fue y sigue siendo precisamente aquel de ayudar a las personas a encontrarse con Dios.
Todos sabemos que ese camino de encuentro personal con el Señor está abierto a todas las personas y no hay que ser un sabio o un gurú descubrir su amor en nuestro día a día. No obstante, el Santo de Loyola experimentó en carne propia que tal camino no es fácil; que, como todo ascenso, recorrerlo es una tarea exigente y de cuidado ya que hay despeñaderos y se corre el riesgo de caer. A través de San Ignacio vemos que tal tarea es ardua e inacabada, ya que la bruma se hace más espesa en las alturas. Se puede perder de vista el horizonte y ni siquiera es posible advertir qué tan cerca se está de la cima, si es que hay una definitiva…
Existe la tentación de desanimarnos frente a este panorama. Con todo, habiendo sido siempre apasionado y de grandes anhelos, primero como caballero y luego como peregrino, Ignacio es testimonio de cómo Dios es capaz de enderezar nuestras intenciones y encaminar nuestros deseos y capacidades hacia la misión del Reino que tanto movió a Jesús de Nazaret. Pero no sólo eso. Siendo un hombre de método, rigurosidad e intensa fe, Ignacio no sólo escaló la montaña, sino que escribió los Ejercicios Espirituales, un itinerario de oración que a lo largo de cinco siglos han sido un instrumento privilegiado para nuevos “montañistas” dispuestos a ir más alto, a dar más de sí a Dios y a los demás.
Estos ejercicios no son un diario ni un tratado. Son justamente prácticas con temas concretos que atraviesan la existencia humana y la vida de Jesús, el centro de la experiencia. No es un libro para leer de corrido, sino la síntesis de una experiencia personal que el/la ejercitante está llamado a hacer propio, examinando profundamente su vida con el objetivo de configurarla cada vez más a la manera de Cristo.
Somos conscientes de que sin la gracia de Dios no podríamos ir más allá de nuestros límites, sanar nuestras heridas, perdonar, amar, trabajar por un mundo mejor. Sin embargo, los Ejercicios espirituales, adaptados siempre a las circunstancias, son un método, un mapa que nos pueden ayudar a transitar por las sinuosidades de nuestra alma para dejarnos encontrar por Dios. Ese Dios que no sólo está en la cima, pero que nos atrae hacia ella porque confía en que podemos ir más allá, que podemos llegar más lejos, que podemos ser mejores seres humanos para un mundo con grandes abismos y enormes retos.
¿Estás dispuesto, como Ignacio, a correr el riesgo, ejercitarte y ponerte en camino? Te invitamos entonces en tiempos de pandemia a participar así de la experiencia de Ejercicios espirituales en la Vida Corriente Online para que vivas mejor este tiempo y, aunque aislado/a, no te quedes estancado en tu vida interior.

¡Ánimo y buena escalada!

¡FELIZ DÍA!